La COSTRA de Orellana y los que no necesitan huir

LA COSTRA DE ORELLANA
 “Hay un prófugo menos. Pero el problema crónico que no queda por resolver son los que no necesitan huir”
 Rodolfo Orellana fue un mafioso de la prensa que enlodaba a sus enemigos, calumniaba a quienes tenían la osadía de enfrentársele, amenazaba a los que incomodaban. ¿Pero no son ellos hábitos de cierta prensa peruana que cada vez más se parece a una mafia?
 Rodolfo Orellana tenía una red de fiscales, jueces, Operadores de registros Públicos, políticos y abogados. ¿Inventó Orellana a esa gente o sencillamente echó mano de esas existencias siempre disponibles en el apartado público y privado?  Qué bueno que se haya capturado a Orellana. Pero que ridículo es que un país sumiso en la corrupción pretenda limpiarse internacionalmente la cara de sus prófugos más notorio. ¿Dirá Orellana todo lo que sabe? Con el poder judicial que tenemos y la Fiscalía que nos enferma, nadie puede apostar a nada. ¿Pagará con una carcelería proporcional por sus matonerías, sus robos, sus fraudes, sus cartas-fianza de ceniza, sus despojos? Eso dependerá de con que inteligencia jurídica se construya el caso y se arme el expediente. ¿Orellana podría contratar a algunos de los abogados de Alan García a ver si así se salva? No se descarta. Con Orellana extraditado hay un prófugo menos. Pero el problema crónico que nos queda por resolver son los que no necesitan huir: los empresarios que avaden normas para no pagar lo que deben, los que asocian malamente con lo peor de la burocracia, los que continúan amañando licitaciones con gobiernos regionales sembrados por el narcotráfico, los exmandatarios ladrones que pontifican desde la prensa corrompida, los congresistas que regresan sin vergüenza para hacer otra vez negocios sucios con el Estado, los jueces que se preparan para excarcelar a Fujimori, Los fiscales que encubrieron lo de la Centralita, los impunes de toda la vida. Esos no necesitan escaparse. La ley los protege, la Fiscalía no los persigue, la Contraloría no los detecta, la gran prensa los trata suavemente. Ellos no cometieron la locura de exhibir su poder y crear un breve imperio del barro como lo hizo Orellana con su chusma mediática. Ellos pasan furtivamente por la alfombra roja. Hacen muchas veces lo mismo o peores cosas, pero –como diría la China Tudela- con clase. Orellana irá a la cárcel, que bien. El Perú seguirá creyendo que con el Estado purulento que ha creado marcha directo al Primer Mundo. Qué patético. Y no olvidemos: si el Estado supiera es porque hay un sistema que así lo requiere. Un Estado con instituciones firmes no podría ser tolerado por una clase política hundida en los bajos fondos. Los presidentes que robaron no hubieran podido robar, quedar impunes, volver a robar y aspirar a reincidir si tuviéramos un Estado saludable, una sociedad crítica, una ciudadanía vigilante, una gran prensa no implicada en el crimen. El Perú está podrido. Orellana es una costra que acaba de caérsele.

 FUENTE: Semanario HILDEBRANDT en sus trece.
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